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sábado, 21 de marzo de 2026

Acerca del nuevo régimen académico de las escuelas secundarias bonaerenses (El EDTE en cortocircuito)

 

Las siguientes son algunas apreciaciones y críticas constructivas sobre el cambio del reglamento que se implementó en las escuelas secundarias bonaerenses.


Una escuela es una maraña de códigos (hablados, escritos, tácitos) conocidos por todos los miembros que la integran. Si la escuela funciona bien y en armonía, es porque se trabaja en equipo. Puede compararse con un club deportivo; como resultado de sus prácticas, a fin de año, si el trabajo se realizó en forma eficaz, quizás saldrá campeón. En términos escolares, ganar la copa significaría que el alumno aprendió. El alumno egresó, aprobó, posee su analítico, comprende lo que lee y escribe correctamente, es un ciudadano bueno y se insertará en la sociedad como él decida: estudiando o trabajando. La maraña de códigos se ilumina en ese momento de egreso (yo suelo imaginarla transparente, como las lucecitas de Navidad cuando abrís la caja en diciembre y son un bollo) y la escuela festeja porque salió campeona del mundo.

El nuevo código que se ha implementado en las secundarias es un cambio pensado para solucionar problemas educativos innegables. En mi opinión, necesita urgentemente algunas modificaciones, esencialmente porque considero que las reglas nuevas no coinciden con las posibilidades que tienen las escuelas de verdad. Hay varios cortocircuitos producidos por el cable de las lucecitas de mi metáfora. A continuación, compartiré con ustedes algunas observaciones: 

1)   El nuevo reglamento (RA) sostiene que el alumno gestionará su propia trayectoria educativa. Empezamos mal: eso es casi imposible. Un adolescente necesita que le expliquen reglas claras, que le digan dónde tiene que sentarse, qué tiene que hacer. Que le digan, que le digan. Para desbaratar esa pasividad es precisamente el trayecto escolar. Se aprende a gestionar sin magia. No es espontáneo. Es un arduo proceso que los adolescentes experimentan transitando por las marañas de códigos escolares mientras van creciendo y adquiriendo nuevas herramientas, cada una acorde a su edad.

2) La implementación del cambio descansa sobre el trabajo titánico, a contrarreloj y desmedido de algunos docentes de la escuela (el EDTE). Una cantidad de tareas ejecutadas en forma gratuita porque deben realizarse en forma extraescolar a causa de lo que explico en el punto 3).

3) Los tiempos previstos para confeccionar el andamiaje necesario y aplicarlo (períodos de intensificación, etc.) no coinciden con los ritmos reales de la escuela. Además, muchas veces son abruptos, inoportunos e interrumpen el proceso de aprendizaje de los alumnos, que debería ser prioritario. 

4) Como resultado del punto 2), una vez que ese equipo de docentes logró hacer todo el papeleo y diagramación, resulta que es el único que entiende el resultado. Cuando el EDTE debe transmitir los nuevos horarios y códigos a la comunidad educativa, se encuentra con que es un nuevo integrante de una Torre de Babel. Los alumnos no entienden y la hoja con las instrucciones se pierde o es ignorada a propósito porque van y se sientan dentro del aula que ellos consideran correcta porque ahí está su grupo de pertenencia. O abandonan la escuela. Porque nadie se da cuenta del gravísimo error (para el RA) que significa que el alumno se haya metido ahí salvo el EDTE. Y el EDTE es un conjunto de docentes bienintencionados y no es omnisciente, y seguramente en el momento en que los alumnos están haciendo la picardía de meterse en la clase que no le corresponde, están buscando un alargue que trajeron de su casa o poniendo hielo en una rodilla averiada. 

Finalmente, con el pasar de los días, toda la comunidad educativa entra en cortocircuito con el EDTE. Las familias no entienden lo que el EDTE explica, los profesores tampoco, la maraña de códigos-cables se enreda de modo feroz y parece que hay que tirarla y comprar una nueva en un bazar. O sacarle la tierra a las lucecitas de navidad viejas, que andaban bastante bien aunque a veces te pegaban patadas, pero quién no recibió alguna vez una de esas mientras armaba el arbolito.

A modo de conclusión, voy a agregar algunas sugerencias constructivas: 

. El nuevo régimen académico necesita tener un equipo bien remunerado, fijo en cada escuela, para que diseñe en forma coherente el horario de cada alumno y acompañe su trayectoria como se debe. Sería un nuevo E.O.E; un E.D.T.E de verdad, operativo.

. Hay que reformular con urgencia lo que el RA permite para el Ciclo Superior. Hay alumnos en 6to cursando las materias de 2026 con ocho, diez, doce materias desaprobadas durante los años anteriores y difícilmente van a poder obtener su analítico cuando egresen. 

. El cambio es demasiado difícil de explicar. Muchas familias prefieren que su hijo repita y hay alumnos que abandonan la escuela porque se rompe el sentido de pertenencia al grupo, que es tan importante en la adolescencia. 

En fin: estructura, límites, reglas claras, sentido de pertenencia. Contención, ser vistos, escuchados, acompañados. Sentido común. Eso se necesita para aprender (y no para aprobar, que no es lo importante). Adultos trabajando en equipo. Finalizo este texto con el deseo de que las autoridades encargadas de desenredar esta maraña puedan arreglar las lucecitas antes de Navidad y que 2026 sea un buen año para todos. 

 

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