Las siguientes son algunas apreciaciones y críticas
constructivas sobre el cambio del reglamento que se implementó en las escuelas
secundarias bonaerenses.
Una escuela es una maraña de códigos (hablados, escritos, tácitos) conocidos por todos los miembros que la integran. Si la escuela funciona bien y en armonía, es porque se trabaja en equipo. Puede compararse con un club deportivo; como resultado de sus prácticas, a fin de año, si el trabajo se realizó en forma eficaz, quizás saldrá campeón. En términos escolares, ganar la copa significaría que el alumno aprendió. El alumno egresó, aprobó, posee su analítico, comprende lo que lee y escribe correctamente, es un ciudadano bueno y se insertará en la sociedad como él decida: estudiando o trabajando. La maraña de códigos se ilumina en ese momento de egreso (yo suelo imaginarla transparente, como las lucecitas de Navidad cuando abrís la caja en diciembre y son un bollo) y la escuela festeja porque salió campeona del mundo.
El nuevo código que se ha implementado en
las secundarias es un cambio pensado para solucionar problemas educativos
innegables. En mi opinión, necesita urgentemente algunas modificaciones,
esencialmente porque considero que las reglas nuevas no coinciden con las
posibilidades que tienen las escuelas de verdad. Hay varios cortocircuitos
producidos por el cable de las lucecitas de mi metáfora. A continuación,
compartiré con ustedes algunas observaciones:
1)
El nuevo reglamento (RA) sostiene que el alumno gestionará su propia trayectoria
educativa. Empezamos mal: eso es casi imposible. Un adolescente necesita que le
expliquen reglas claras, que le digan dónde tiene que sentarse, qué tiene que
hacer. Que le digan, que le digan. Para desbaratar esa pasividad es precisamente
el trayecto escolar. Se aprende a gestionar sin magia. No es espontáneo. Es un
arduo proceso que los adolescentes experimentan transitando por las marañas de
códigos escolares mientras van creciendo y adquiriendo nuevas herramientas,
cada una acorde a su edad.
2) La implementación del cambio descansa
sobre el trabajo titánico, a contrarreloj y desmedido de algunos docentes
de la escuela (el EDTE). Una cantidad de tareas ejecutadas en forma gratuita
porque deben realizarse en forma extraescolar a causa de lo que explico en el
punto 3).
3) Los tiempos previstos para confeccionar
el andamiaje necesario y aplicarlo (períodos de intensificación, etc.) no
coinciden con los ritmos reales de la escuela. Además, muchas veces son
abruptos, inoportunos e interrumpen el proceso de aprendizaje de los alumnos,
que debería ser prioritario.
4) Como resultado del punto 2), una vez
que ese equipo de docentes logró hacer todo el papeleo y diagramación, resulta
que es el único que entiende el resultado. Cuando el EDTE debe transmitir los
nuevos horarios y códigos a la comunidad educativa, se encuentra con que es un
nuevo integrante de una Torre de Babel. Los alumnos no entienden y la hoja con
las instrucciones se pierde o es ignorada a propósito porque van y se sientan
dentro del aula que ellos consideran correcta porque ahí está su grupo de
pertenencia. O abandonan la escuela. Porque nadie se da cuenta del gravísimo
error (para el RA) que significa que el alumno se haya metido ahí salvo el
EDTE. Y el EDTE es un conjunto de docentes bienintencionados y no es
omnisciente, y seguramente en el momento en que los alumnos están haciendo la
picardía de meterse en la clase que no le corresponde, están buscando un
alargue que trajeron de su casa o poniendo hielo en una rodilla averiada.
Finalmente, con el pasar de los días, toda
la comunidad educativa entra en cortocircuito con el EDTE. Las familias no
entienden lo que el EDTE explica, los profesores tampoco, la maraña de códigos-cables
se enreda de modo feroz y parece que hay que tirarla y comprar una nueva en un
bazar. O sacarle la tierra a las lucecitas de navidad viejas, que andaban
bastante bien aunque a veces te pegaban patadas, pero quién no recibió alguna vez una de esas mientras armaba el arbolito.
A modo de conclusión, voy a agregar algunas
sugerencias constructivas:
. El nuevo régimen académico necesita tener
un equipo bien remunerado, fijo en cada escuela, para que diseñe en forma
coherente el horario de cada alumno y acompañe su trayectoria como se debe.
Sería un nuevo E.O.E; un E.D.T.E de verdad, operativo.
. Hay que reformular con urgencia lo que
el RA permite para el Ciclo Superior. Hay alumnos en 6to cursando las materias
de 2026 con ocho, diez, doce materias desaprobadas durante los años anteriores
y difícilmente van a poder obtener su analítico cuando egresen.
. El cambio es demasiado difícil de
explicar. Muchas familias prefieren que su hijo repita y hay alumnos que
abandonan la escuela porque se rompe el sentido de pertenencia al grupo, que es
tan importante en la adolescencia.
En fin: estructura, límites, reglas
claras, sentido de pertenencia. Contención, ser vistos, escuchados, acompañados.
Sentido común. Eso se necesita para aprender (y no para aprobar, que no es lo
importante). Adultos trabajando en equipo. Finalizo este texto con el deseo de
que las autoridades encargadas de desenredar esta maraña puedan arreglar las
lucecitas antes de Navidad y que 2026 sea un buen año para todos.

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