PROYECTO PIBE LECTOR

#PROYECTOpibeLECTOR: Para leer alguna de las 59 ficciones de mi blog en Infobae, accedé haciendo click aquí.
Buscá la fan page del Proyecto en Facebook, click aquí: PROYECTO PIBE LECTOR.

martes, 24 de noviembre de 2015

A la espera de mejoras

Se termina la gestión de Nora de Lucía en la provincia. Aquellos que seguimos dentro de las escuelas estaremos aguardando cambios drásticos que solucionen la larga lista de problemas que a lo largo de esta gestión que finaliza se han hecho públicos y notorios.
190 días de clase. Salarios. IOMA. Se preguntarán qué se necesita cambiar además de eso para que mejore la calidad de la educación que reciben nuestros chicos. Yo me lo pregunto todos los días.
En primer lugar, deberíamos ponernos de acuerdo como sociedad para enseñar en el seno de las familias que lo que sucede adentro de las escuelas es importante. Preparar a los papás y mamás para, desde el vamos, considerar a los docentes de sus hijos como colaboradores para realizar un trabajo en equipo. Si seguimos diciéndoles a los chicos que nacieron sabiéndolo todo y que nada de lo que les enseñen en el colegio sirve para nada, seguiremos estando mal. Porque estamos mal. Ya a esta altura, es chocolate por la noticia.
En segundo lugar, deberíamos exigirle a los nuevos gobernantes que los edificios donde trabajaremos brindando educación formal durante 2016 estén en condiciones. No es cierto que cualquier espacio pueda ser un aula. No es cierto que se pueda explicar bien algo a los alumnos dentro de un comedor, en un pasillo, en un lugar inundado, agujereado o contaminado. Los resultados están a la vista.
Otra cosa que necesitamos urgentemente es silenciar el ruido. Las interferencias, el desastre que proviene de afuera de donde debemos trabajar y el que proviene de adentro. No se puede enseñar ni aprender correctamente en un lugar donde todos gritan. Se necesita un "shhhhhhh" generalizado, cantar "La lechuza, la lechuza" o algo por el estilo, apagar celulares, jueguitos, guardar los auriculares. Se necesita un sistema efectivo para mejorar la convivencia dentro de las escuelas y detener el bullicio improductivo porque a lo único que conduce es al simulacro y al fracaso de cualquier proyecto pedagógico.
Necesitamos comenzar bien.
Va a ser difícil, pero... ¿y si sucede? ¿Y si pasa el año que viene o en los próximos años?
Me pregunto qué haremos una vez que consigamos que los alumnos se comporten como alumnos, que estén en un silencio expectante, atentos al tema que se viene, concentrados para comprender la consigna que vendrá... ¿qué necesitaremos?
Necesitamos docentes preparados, que sepan mucho acerca de su disciplina y acerca de cómo enseñarla. Urge preparar docentes así, porque una vez conseguido el respeto, resignificada y dignificada la figura del docente, se debe mantener y merecer esa significancia y respeto.
Continúo especulando. Una vez que tengamos todo eso, docentes con la clase planificada y preparada, alumnos preparados para escuchar, entender y aprender, edificios dignos y el silencio, orden y armonía necesarios... ¿será suficiente?
No creo: tendremos que revisar qué enseñaremos. Si corresponde, es pertinente, es útil, para qué y por qué necesitamos cada contenido; si está bien enseñar lo mismo a cualquier grupo de alumnos, en cualquier escuela, dentro de cualquier heterogeneidad y diversidad. La cantidad de horas, los horarios de ingreso, de egreso, los recreos. Pensar nuevamente qué y cómo se evalúa, cómo se expresan los resultados obtenidos mediante las planillas de calificaciones y cómo deberíamos hacerlo para mejorar.
Releo y sonrío. Es dificilísimo conseguir lo que quiero. Sin embargo, es tan simple. Se reduce a mi esperanza de poder entrar dentro de mis aulas y que los alumnos estén ahí y me saluden. A mis anhelos de poder, luego del "buenos días", "buenas tardes" o "buenas noches", decir algo como "Hoy vamos a..." y poder comenzar la clase que preparé con esmero interactuando con alumnos que dialoguen conmigo y entre sí para poder construir un aprendizaje verdadero y significativo.
Sé que es mucho pedir, pero resignarme con cómo estamos no va con mi esencia ni con la de la mayoría de los docentes. Somos pedigüeños, soñadores, esperanzados y testarudos: queremos que nuestros alumnos aprendan, a pesar de todo y en contra de todas las adversidades. Espero que el 2016 me sorprenda (nos sorprenda) con mejoras dentro de las escuelas, que es donde estaremos trabajando, como siempre.

sábado, 21 de noviembre de 2015

Wasapeame la papariola

26. Wasapeame la papariola



El siguiente texto es una adaptación de una conversación por chat. Se han reemplazado palabras y símbolos con el fin de volverla inteligible. Los nombres de sus protagonistas se mantendrán en reserva, porque son menores de edad. 
_ Hola
_¿Quién sos?
_ ¿Vos, quién sos?
 _ Ése es mi número de teléfono, tenés mi celular, ¿quién sos? 
_ Y quién voy a ser, gatoooo.
_ ¿Cómo supiste este número? ¿Cómo que “quién voy a ser”? Gato tu vieja, loco, ¿quién sos?
_ Eeeeh, no agredas, gato. Quién voy a ser, pibe, soy el de la semana pasada, el que te sacó el celular. Tengo algunas preguntas.
_ ¡No me jodas! ¿Quién sos? Yo necesito ese celular de nuevo, mis viejos pasaron como un año ahorrando para comprármelo y todavía no les dije que me lo chorearon…
_ Nene, cómo no le vas a avisar a tus viejos, sos un inconciente. un papariola… ¿no ves que tengo la agenda completa acá? Para agravar la cosa, pusiste “Mami”, “Papi”, “Tía Pochi” en los números… si sos un nenito de mamá, gatoooo, estás regaladísimo para el choreo. Tenés que ser más cuidadoso en estos tiempos que corren. Aparte, tenés una cara…
_ ¿Cara de qué, tengo? ¡Encima que me choreás me tengo que comer que me vengas a descansar! Si sos el chorro, ¿para qué me mandás mensajes? No me molestes más.
_ Es que tengo unas preguntas, no te calentés, disculpame. Tenés unas minas en unos grupos de wasap que tienen unas fotos que están para partirlas, pero llamo o hablo y no contesta ninguna. Y eso que se la pasan hablando, las cotorras, y dicen cada cosa que ando como loco todo el día y no puedo dormir.
_ Ahhh, sí, no te van a dar bola. A mí tampoco, ellas se hacen las caretitas y se la pasan hablando entre ellas. No saben que me llegan las actualizaciones del grupo, yo me puse ahí escondido para…
_ Gatooo, para aprender de minas, obvio. Si son más jodidas que entender el predicativo subjetivo obligatorio.
_ Pará de decirme gato, chabón. ¿Y vos qué sabés del predicativo subjetivo obligatorio? ¿Me estás siguiendo?
_ Nada que ver, lince, eso es lo que está explicando la mina de Lengua desde hace como un mes, y lo leo en el pizarrón. Pero yo no le doy cabida, ni idea de qué es eso, con qué se come ni para qué sirve, jajaja. ¿Las minas son de tu escuela?
_ Pero si yo estoy con el mismo tema en Lengua… ¿Estás en la escuela?
_ Sí, ¿por?
_ No sé, pensé que los chorros no iban a la escuela. ¿Y cómo hacés para usar el celular en clase? ¿Te dejan?
 _ Sí, no pasa nada. Acá el director dice que somos de la generación digital, o alguna gilada así, y nos deja usar la tecnología cuando se nos canta. Así que es una joda, los profesores están bla bla bla y nosotros en cualquiera, jajaja, así se hace más liviano el año. ¿A qué escuela vas?
-¿Vos te pensás que soy tan pantufla para decirte a dónde voy y de dónde son las minas? Si sos un chorro, chabón, ¡das miedo!
_ Cara de pantufla papariola, tenés, con perdón… Si no, no te hubiera arrebatado tan fácil. Venías con los auriculares puestos, reeeeeeeeee colgado en tu mundo…
_ Es que una de las minas de ahí me tiene mal. No puedo parar de pensar en ella y no me da cabida… ¿Me devolverías mi celular? Me harías un favor grande, porque mis viejos no me pueden comprar otro y estoy usando el de un amigo que me hizo la segunda ahora…
_ Sí, ya sé, el Torreja.
_ ¿Y cómo sabés?
_ No te digo, gatito, que tenés todo puesto con inocencia en la agenda…
_ Vos la tenés clara, chabón, más que chorro deberías dedicarte a investigar, o cosas así. ¿Te falta mucho para terminar la escuela?
_ Naaa, poco. Voy a entrar para Policía, viste, yo creo que tengo condiciones para detective o algo así. Además, podés usar fierro…
_ ¿Y mi celular? ¿Cómo podemos hacer?
_ Sos simpático, papariola. Mirá, vos me entregás una de estas minas, o dos, y yo te lo dejo a 500…
_ ¿Vos estás loco?
 _ Aunque sea decime a qué escuela van, nene, si no les voy a hacer nada… 
_ No tengo 500.
_ ¿Y tardaste media hora para decirme eso?
_ Es que estaba alimentando al Pou del Torreja. A mí no me dejan usar el celular en clase. Si te ven con el coso, te lo sacan y se lo dan al director, y tus viejos tienen que venir a retirarlo. Y el Torreja me asesina si pasa, porque es de él.
_ Sí, ya sé, acordate de que yo empecé esta conversación. Bueno, a ver, ¿a 200 alcanzás?
_ Sí. En un par de días.
_ Bueno. Pasá por el quiosco de la esquina de la General Paz, adonde te arrebaté, y preguntá si Manteca, que es mi nombre de fantasía,  te dejó un sobre. Dale la guita, y te devuelvo el celular adentro del paquete. Cortesía mía, porque me caés bien a pesar de ser medio papariola. 
_ Papariola, gato, lince, pará chabón, encima vos sos chorro y yo no te digo nada. Bueno, dale, quedamos así. Sonó el timbre así que me voy al recreo y en los pasillos no puedo sacar el celular porque me ven y me lo sacan, ya te dije. La profesora que tenía recién a veces se hace la que no nos ve y no dice nada, es re copada… odia a la directora o algo así y hace todo al revés de lo que le dicen, no sabés qué bueno que está, no enseña nada. Ella también está buena. Paso pasado mañana, quedamos así, listo.
 _ ¿Y las minas?
_ Metete en facebook y fijate “La Rubia renegada del  Oeste en éxtasis”. Con encontrar a ésa, ya tenés la pista de todas. Chau, suerte.
_ Acordate de mis consejos, no ando avivando giles por la vida. Así no te vuelven a chorear. 
_ Sí, dale. Gracias por todo, chabón. Chau.
_ Chau.

Doble mensaje (destinado a Niña Virginal e Inocente)

25. Doble mensaje (destinado a Niña Virginal e Inocente)

Fantasía en un acto




Suena el timbre del recreo, en una escuela cualquiera. Repentinamente, el ambiente se carga del ruido ensordecedor de la niñez. Niña virginal e inocente sale de un aula y se encuentra con Psicopedagoga, que estaba esperándola.   
 Psicopedagoga_ Me dijo tu profesora de Construcción de la Ciudadanía que querías conversar conmigo…
Caminan juntas hacia un banco situado bajo un árbol. Es el patio de la escuela y es recreo: un conjunto de niños y niñas corre, grita, juega, durante el transcurso de la escena. 
 Niña virginal e inocente_ Quiero saber si es normal que me sienta confundida.
 Psicopedagoga_ ¿Confundida sobre…?
Niña virginal e inocente_  No sé qué hacer para sentirme bien.
Psicopedagoga_ (Comienza a hablar automáticamente, como si recitara un discurso muchas veces repetido de memoria. Pronuncia las frases individualmente, como si leyera clichés en algún almanaque invisible) Sos hermosa. Aprendé a conocer quién sos, por dentro y por fuera. Apreciate, hacete amiga de vos misma. No hace falta que te modifiques superficialmente para agradar a los demás. Si te ves fea, huraña, desolada, preguntate por qué, qué te pasa, sumergite en tus pensamientos, buceá un tiempo ahí adentro y apoyá tus pies, tomá envión y resurgí, radiante, plena de la satisfacción que da el conocimiento de uno mismo.
 Voces entremezcladas que provienen del resto del mundo_ Tenés que ser hermosa.Siempre. Mirate al espejo, modificate, operate, teñite, maquillate, agujereate, depilate,perfumate, desodorizate, mutilate, estirate. Jamás envejezcas: convertí tus doce años en diecisiete y quedate así para siempre.
Psicoedagoga_ Sos una persona: las personas somos complejas.  Por afuera tenemos canas, arrugas, estrías, celulitis, asimetrías, granos, lunares, pecas, manchas. Por adentro también: sentimos celos, envidia, culpa, vergüenza, desazón, angustia, miedo, furia. No podemos impedir esos sentimientos; sí podemos aprender a reconocerlos para atenuarlos, manejarlos, superarlos.
 Voces entremezcladas que provienen del resto del mundo_ No engordes. Sé flaca, tersa, la piel sobre el hueso. No comas. Sonreí. Tenés que agradar a los hombres. Sé heterosexual. No seas virgen. Las tontas son vírgenes, es una vergüenza serlo. Tené sexo. Vestite de forma sexy. Arreglate, siempre. Disimulá
Psicopedagoga_ (Repentinamente cambia el monótono discurso y se enciende, se apasiona, gesticula al hablar. Ese cambio sobresalta a Niña virginal e inocente, que se aleja un poco de Psicopedagoga) Sos una señorita ya. Es natural que te sientas confundida: estás en pleno aprendizaje acerca de quién sos y cómo sos, y eso lleva tiempo. Comé bien: estás creciendo. Cuidá cada parte de cuerpo, por dentro y por fuera.
 Voces entremezcladas que provienen del resto del mundo_ Tomá alcohol.  Las chicas que con poco se emborrachan no tienen cultura alcohólica y no son divertidas. Sé divertida. Fumá; es moderno y cool. Las audaces y atrevidas experimentan todo: participá en lo desconocido, arriesgate. Mentile a tus viejos, a tus familiares, a tus profesores.
Psicopedagoga_ Tu cuerpo está cambiando y preparándose para que en el futuro, si lo decidís y lo deseás, puedas ser madre. Hay mujeres que sienten ese deseo en forma tardía, hay mujeres que no lo desean nunca. Por eso es importante conocerse primero, antes de dar ese gran paso. Cuidate mucho: tener sexo involucra tu cuerpo, tu salud, tus emociones. Vos sos la dueña de todo eso: no te apures. No tiene nada de malo que sientas temor: es un gran paso el que vas a dar el día que decidas iniciar esa etapa, así que está bien que pienses cómo querés que sea, con quién, dónde, cuándo, con qué recaudos. Hablá con tus padres y con tu doctor o con tu doctora. Preguntá todo lo que necesites saber
.Voces entremezcladas que provienen del resto del mundo_ ¿Ya te dijimos que no pienses? Da trabajo pensar… Sé emocional.
Psicopedagoga_ Ser mujer no quiere decir que hay que obedecer mandatos: esos mensajes que nos meten en la cabeza vienen de afuera. Si vas a elegir llevar una vida en pareja, pueden llegar a acuerdos para organizarse con lo que significa llevar adelante una casa y sus tareas. Si vas a elegir tener hijos, entre los dos los pueden criar del mismo modo. Repartirse las responsabilidades hace que todo funcione mejor. Si vas a elegir estar sola, también es correcto.
 Voces entremezcladas que provienen del resto del mundo_ No estudies: las chicas sabiondas son despreciables. Exigí tecnología, participá en las redes sociales, exponete, sacate fotos provocativas haciendo trompita, pero hasta ahí: sé astuta haciendo eso. Dejate llevar: no te va a pasar nada malo. Total… ¿en qué consiste la vida de una chica? En divertirse y conseguir un hombre con plata que la haga feliz…
Psicopedagoga_ (Deja de gesticular y vuelve a adoptar el tono monótono anterior. Niña virginal e inocente la observa asombrada ) Estudiá, estudiá mucho. Elegí lo que quieras ser y hacer, ponete metas y trabajá para lograr alcanzarlas. No te desanimes ante los obstáculos: nada es muy fácil que digamos en esta vida. Leé, aprendé, sé curiosa, preguntá, investigá, divertite, tené amistades buenas y verdaderas, respetate y respetá a los demás. Recordá no hacer a los demás lo que no quieras que te hagan a vos…
Voces entremezcladas que provienen del resto del mundo_ No pienses, da trabajo pensar…
Suena el timbre de finalización del recreo. Inmediatamente, los niños desaparecen del patio y las dos mujeres quedan solas en la escena, que por primera vez está en silencio.
 Psicopedagoga_ ¿Te vas a quedar pensando en lo que te dije?
Niña virginal e inocente no contesta. Suspira, se pone de pie y sale corriendo hacia su salón de clases. Psicopedagoga queda sola en escena, mirando hacia el lugar por donde se fue la chica, preocupada. Luego se encoge de hombros y se va. El patio queda solitario y en silencio.
TELÓN

Qué hacer en caso de pibe permeable o impermeable

23. Qué hacer en caso de pibe permeable o impermeable

Resultados aproximados para un primer estudio formal 

1. Adquisición de impermeabilidad 
 Obviamente, en caso de pibe impermeable, la culpa es de la madre (a esta altura todos sabemos que la madre tiene la culpa de todo, siempre). El pequeñín ha de haber sido consentido en demasía durante sus  años de lactante (y posteriores), y habrá escuchado e incorporado el siguiente mensaje reiteradamente: “Hacé lo que quieras”, acompañado de variadas gamas de: “Total, para qué lo vas a hacer”, “Dejá, no hagas nada que yo lo hago por vos”, “Vos sabés más que yo, para qué te voy a decir algo”, etc. 
 Una vez que el niño ha ingresado en la etapa escolar, el mensaje reiterado será más sofisticado: “No le hagas caso a nadie porque no saben nada”, “Vos avisame si alguien te molesta que voy y lo mato”, “Si te dice algo rompele la cara a patadas”, pueden ser ejemplos estándar. Con sólo sumar múltiples aparatos y una conexión a internet, la impermeabilidad ya incipiente se perfeccionará así hasta el extremo característico de los niños nacidos en este siglo.
NOTA: la no adquisición de la impermeabilidad no hace que el niño sea naturalmente permeable. Esa cualidad también desvela a los estudiosos, que la analizan desde el inicio de la humanidad. Curiosamente, muchos atribuyen al desempeño de la madre de la criatura su aparición, cultivo y desarrollo, especialmente las autoras de corrientes feministas. 
Las estadísticas brindadas por el doctorando José Garmín indican que no hay diferencia en la adquisición de impermeabilidad en niños que carecen de madre. Tampoco tienen problemas en adquirirla los niños poseedores de madres que no les prestan la suficiente atención como para articular palabras para dirigirse a ellos. En esos casos, la impermeabilidad brota del contexto, ya que el niño se juntará con pares (en fiestas familiares, en el potrero, en la cola del supermercado, en el jardín o, finalmente, en la escuela) y ellos le transmitirán su cualidad trabajosamente adquirida en un santiamén.
Una observación fundamental del licenciado Garmín es que la necesidad de pertenecer al grupo es muy alta cuando los niños llegan a la preadolescencia y a la adolescencia. Por esa razón, será altísima la cantidad de jovencitos impermeables en esa etapa, ya que es vox populi que el estado permeable expone a las criaturas a diversos castigos, burlas y expresiones de asombro tanto en adultos como en pares.
Una característica del s.XXI es que la impermeabilidad es lo naturalizado como socialmente correcto. Es una marca distintiva de la época, que seguramente acarreará extensos e intensos estudios y análisis por parte de los intelectuales del mañana (si es que los hay, ya que para ser intelectual es necesario ser permeable).
2. ¿Es atributo de género la impermeabilidad?
El licenciado Garmín ha hecho público un estudio reciente que demuestra que tanto las niñas como los niños adquieren la impermeabilidad en forma constante, abundante y eficaz durante toda su infancia.
3. ¿Incide en la adquisición de la impermeabilidad la clase social?
No. Rotundamente. Todos los estudios indican que los niños nacen de la misma manera, con condiciones naturales para ser permeables. Si bien es cierto que los niños que nacen en la pobreza, al recibir muchas veces alimentación insuficiente, no quedan en igualdad de condiciones que los niños de clases más favorecidas, está comprobado que la gran mayoría puede adquirir con fluidez la impermeabilidad, sea rico o sea pobre, sin problemas. Por supuesto, adquirir la permeabilidad y comenzar a aprender demanda infinitamente más esfuerzo y trabajo constante, fuerza de voluntad, capacidad de autocrítica, perseverancia, valentía, curiosidad; todas estas cualidades extrañas en los tiempos que corren, independientemente a la clase social a la que uno pertenezca.
 4. Conclusión:¿Qué hacer?
En el caso de un niño/a, la impermeabilidad se puede romper o atenuar deteniendo el proceso de emisión de mensajes del tenor de los mencionados anteriormente. Si se le habla con afecto, se pasa tiempo con él, se lo rodea de materiales didácticos, música, libros, juegos de ingenio, películas, y se conversa y comparte con él variados momentos, la impermeabilidad se romperá definitivamente. Si el chico ya atravesó su adolescencia y desarrolló la impermeabilidad, ésta será irreversible en la mayoría de los casos.
4. 1. ¿Vale la pena seguir leyendo este texto?
Sí. Pero tenga en cuenta que mi opinión es parcial. Continúe. Sé que no es habitual para los lectores enfrentar textos extensos, por lo que pido disculpas.
 5. Cómo reconocer un niño/niña/adolescente/ permeable
Los estudiosos coinciden en que no existen estereotipos externos que permitan reconocer a los jóvenes permeables, a pesar de los esfuerzos que la televisión, las películas infantiles y los dibujitos animados hacen para presentarlos. Muchos confunden permeabilidad con ser “nerd”. Hay que tener en cuenta que el estereotipo del “nerd” ha caducado y pertenece al s XX, por lo que los “nerds” aún con vida han dejado hace rato de ser niños/niñas/adolescentes.
6. Características comunes que se pueden mencionar
Los chicos permeables suelen ser independientes y capaces de realizar solos la mayoría de las cosas. Su vestimenta se ajusta a la capacidad monetaria de la familia en que viven, ya que estos niños son capaces de comprender que sus padres no pueden comprarles determinadas ropas, o sí pueden.
 NOTA: Se ha notado que hay niños de alto grado de impermeabilidad, provenientes de familias humildes, que visten de modo que, si se vendiera una de sus prendas, se podría resolver el problema del hambre de alguna zona castigada de África. Eso demuestra que los padres de los niños impermeables son capaces de gastar lo que no tienen en satisfacer los caprichos de sus hijos. Los niños impermeables llegan al punto de no reconocer el daño que ocasionan con sus exigencias a la economía familiar, precisamente, porque son impermeables. Y no les importa, también por eso. 
 Los chicos permeables se muestran algo indiferentes al entorno, pero respetuosos. Suelen contar con un rico vocabulario y poseen la cualidad de la empatía, rarísima en la actualidad. Esta cualidad les permite darse cuenta si alguien de su entorno se siente mal, o si pasa algo, por eso a veces realizan preguntas en vías de extinción como: “¿Está usted bien hoy?” o “¿Necesitás algo?”
Suelen poder dibujar, tocar instrumentos musicales, crear poesías. Les gustan las mascotas.
Tienen la capacidad increíble de poder carecer de celular, o de no prenderlo durante muchas horas seguidas. No parecen necesitar internet ni aparato tecnológico alguno durante espacios temporales inauditos.
Los chicos permeables pueden leer libros, especialmente, de literatura. Esta increíble peculiaridad hace que sea fácil detectarlos, a pesar de que hagan esfuerzos por ocultarse por temor al escarnio público que acarrea no ser impermeable.  De la misma manera, estos niños pueden emitir juicios y fundamentarlos. Una persona alerta reconocerá de inmediato por la caligrafía (pueden escribir en cursiva), la cohesión, la coherencia y la corrección ortográfica un alumno permeable. El común de la gente creerá que el chico se ha copiado de alguien, o que alguien le ha realizado su texto, y lo felicitará ante la gala de impermeabilidad que ha hecho.
7. Conclusión: qué hacer en caso de chico/chica permeable
En general, no se necesita hacer nada. Así como la impermeabilidad es fácilmente reversible a edades tempranas, el estado contrario difícilmente se pueda cambiar. Un chico o una chica permeable sorteará más o menos hábilmente su escolaridad, elegirá una carrera acorde a su vocación y se desarrollará positivamente como persona. Lamentablemente, ser permeable no garantiza la felicidad, sólo la libertad. Así que si a usted le tocó ser permeable en el s XXI, o tener que lidiar con un chico así, sólo recurra a los libros, al deporte, a la naturaleza, al arte, al afecto y al amor. Con eso, será suficiente.

La Mola salió del clóset

22. La Mola salió del Clóset



Cuando la Mola pudo comprender la diferencia entre su cuerpo y lo que no lo era, la tragedia y la decadencia se habían desplomado sobre los Verdún. La tienda de antigüedades que los había colocado en el Club Social, en las fiestas de privilegio y en los mejores salones de Salinas, se cubrió de polvo, primero, y luego de la indignidad de la lata, el cacharro y la presunción de demencia. La abuela Verdún, viuda temprana, cuando la muerte se llevó a su única hija no pudo conservar el brillo de los bronces y abrió las bellas puertas ornamentadas a las excentricidades, primero, y luego (dicho francamente y sin eufemismos), a la baratija y a la basura. La colección de libros antiguos se fue mezclando con manuales del alumno bonaerense de sobados lomos, tocadiscos rotos desplazaron en los estantes a los cristales de Murano; había frascos con lombrices solitarias en formol, un feto con dos cabezas de dudosa autenticidad, vajilla descartable usada y mal lavada, muebles podridos, zapatos gastados y, finalmente, ropa vieja. Toneladas de prendas usadas, en valijas, en bolsas, en percheros abigarrados que formaban bloques impenetrables de telas harapientas y hediondas.
El olor pestilente de “El Clóset”, como rebautizara la abuela Verdún a la tienda, se hizo famoso. Para la Mola, que jamás salía de allí, era el único aire puro sobre la Tierra.
Cuando el lugar se convirtió en una sombra bizarra, la Mola tenía dos años. La abuela cerraba las persianas y permitía que la pequeña gateara sobre los fardos de la acumulación, entre bolitas de naftalina. La Mola se movía mientras la vieja mujer narraba la historia familiar de los Verdún, paso por paso, anécdotas del viaje desde Londres, las bodas, historias de dos hermanas, de la hija, del marido, todos muertos. El relato fragmentado se elevaba como mantra y rodeaba a la niñita, su única destinataria, la privilegiada, la heredera. La que escuchaba e imaginaba a sus ancestros, impregnándose de tal manera del espíritu de la senil ropavejera que, según los habitantes de Salinas, no hubo modo de que físicamente se convirtiera en otra cosa: una descomunal adolescente obesa, blandita, de cara redonda y colorada, melena flotante como copo de azúcar y manos rematadas en dedos como choricitos. Toda ella hedionda a naftalina, a usado y a viejo; toda ella a imagen, semejanza y tacto de “El Clóset”.
Los clientes invasores se sobresaltaban al doblar en algún recodo y toparse con la Mola, que leía encaramada sobre una pila de leños falsos. O cuando corrían el pesado cortinaje de un probador y la adivinaban arrebujada entre discos deformados por el tiempo, en el fondo de un bello espejo.
Como “El Clóset”, la Mola inspiraba repugnancia y fascinación. En Salinas, la Mola y su vivienda eran leyenda. La abuela la acariciaba y le susurraba que le traía suerte, que la clientela venía para ver a la bella heredera. Todos se preguntaban con un estremecimiento de regocijo morboso qué sucedería con la chica monstruosa cuando alguien tuviera el coraje de ponerle un punto final a la desagradable tienda.
Durante el velatorio de la abuela Verdú, la Mola se quedó en “El Clóset”. Ni el qué dirán ni el peinado que le hizo la farmacéutica pudieron arrancarla de ahí: la chica cerró las persianas y se escondió sabiendo que la iba a encontrar Magoya si ella no quería que la encontraran. Fue una noche memorable. Lloró a mares, a gritos, la muerte de su abuela loca. Pensó en el mundo exterior, en la calle, imaginó la tienda vacía de cosas. Reconstruyó en su mente, cuidadosamente, el relato familiar contado millares de veces por su abuela y protagonizado por los muertos imaginados, vestidos con la ropa de los percheros de “El Clóset”. Se preguntó qué haría ella en un mundo ajeno que parecía estar esperando que saliera para despreciarla. Se preguntó quién era realmente ella. Recordó el sector de las prendas de los Verdún: la tribuna de los parientes fantasmales. 
Se sorprendió al descubrir, después de toda una vida de deslizarse por la tienda, que no existían llaves ni cerraduras en las puertas. Bastó con encender la araña de caireles plásticos: ante ella estaba el perchero con el vestido de novia de la madre que no conoció, el de su abuela, el de la finada tía abuela Elvecia. Los treinta y siete tapados de piel pertenecientes a la bisabuela Verdú, exhalando olor a naftalina y anécdotas veleidosas, estremecidos de palpitación de rata y alimaña dormida. El gabán del abuelo, más allá. El perramus. Resonaron las palabras de la vieja loca: “Saber que este vestido fue de tu madre te demuestra algo importante: vos sos hija. Mirá este abrigo: fue de tu bisabuela. Te hace bisnieta”.
La Mola se desnudó por completo, absolutamente sola por primera vez en su vida. Tenía dieciocho años ya. Sacudió su copo de pelo, descolgó el primer abrigo, se lo puso. Lentamente al principio y luego desesperada, histéricamente, hundió la nariz, el pelo, los dedos, las piernas, se refregó y restregó contra la piel amarillenta del tapado que de repente se volvió cálido, dorado, lujoso, amigable… un hogar.
Ése fue el punto de partida. El inicio del principio. La noche clave. La Mola, enfundada en pieles, se sintió lista para salir de la tienda, para respirar el aire de los subtes, de los trenes, de las calles. Lista para “el afuera”. Fue al “afuera” al que más le costó, probablemente, adaptarse a la salida de la Mola.
La chica era un gigante peludo. Un oso con copete de azúcar, una nutria de pesadilla. En Salinas pusieron el grito en el cielo, pero no hubo nada que hacer: Manuela Verdú era mayor de edad y había leído a Freud, a Nietzche, a Lacan, a Sartre y vaya a saber a quién más. Apabullaba no sólo con su tamaño de gorila sino con sus argumentaciones. Aprobó todas las materias del secundario rindiendo libre y consiguió una beca en una universidad en el extranjero. Alquiló un subsuelo para su perchero de treinta y siete sacones y los respectivos fantasmas de la tribuna. Se paseó desnuda debajo de su cubierta de pieles durante inviernos y veranos por Salinas, por Buenos Aires, por Londres. Fue tan llamativa que logró que nadie la mirara, provocó tanto el qué dirán que nadie tuvo nada que decir.  
Es pediatra en su pueblo ahora. Así como fue hija y nieta, ahora es madre, es amiga, es compañera. Sigue sin usar otra ropa que sus abrigos. Continúa sin peinarse ni teñir el copo esponjado que tiene como cabello. Si en algún momento aciago extraña a su abuela, le basta con pasar los dedos por la piel que lleva sobre el cuerpo. Si en algún momento se siente sola, recorre el perchero que llama “tribuna fantasmal”, o toma un libro de su biblioteca. No es fácil ser una Verdú, asegura. A sus íntimos les confiesa que a veces sueña con sus parientes, que le susurran palabras cariñosas. “La soledad es no tener identidad, y no tener identidad es no tener herencia”, decía la abuela. Cuando recuerda esas palabras, la Mola sonríe a solas, a la nada, con sonrisa de bebé, mientras sueña con vacunas gratuitas para los niños pobres, con puertas sin cerraduras y con heroínas gordas y peludas que luchan contra lombrices solitarias y las encierran en frascos.  

Comentarios:
Juan sin miedo: Me manifiesto en contra del uso de pieles de animales, por ello estoy en contra de este cuento.
Blanquita (inició sesión en yahoo): Juan sin miedo, si se trata de un cuento, las pieles de los animales son imaginadas, entonces no hubo daño alguno.
Juan sin miedo: ¿Y qué te pensás, Blanquita? ¿Que los animales imaginados no sienten dolor? ¿Eh? ¿Sos obtusa, vos?
Vero:  Yo creo que Blanquita tiene razón, que si son inventados no sufren. Además, como es todo inventado (el abrigo y el animal), se puede imaginar que no sufre nadie porque, por ejemplo, se puede inventar que a un animal grandote se le viene el otoño y tiene que cambiar la piel y se la saca porque ya no le sirve y le sale otra. La que no le sirve la usan para hacer tapados, ¿ven? y así quedan todos contentos hasta el próximo otoño.
Blanquita: (inició sesión en yahoo): ¡Dale, me encanta tu propuesta! Pero que las pieles imaginadas sean sintéticas, y en colores. Y biodegradables.
Juan sin miedo: Bueno. Si es biodegradable, no hay daño posible. Mil disculpas por decirte obtusa.
Blanquita: (inició sesión en yahoo): Aceptadas. Igual un poco de razón tenés, capaz. Muy lindo, el cuento de los bichitos que cambian la piel en otoño.
Vero: ¡Totalmente! ¡Leer es lo más!

domingo, 1 de noviembre de 2015

Dudosas reflexiones acerca del fracaso escolar

1. Si el alumno se pasó el año utilizando alguna tecnología para chatear, escuchar música o jugar a algo mientras estuvo en clase, seguramente no aprendió. Lo mismo habrá sucedido si se entretuvo peleando, discutiendo, desplegando sus habilidades con las barajas españolas, arrojando papelitos al techo u objetos contundentes varios.


2. Si el alumno no estuvo presente casi nunca, o llegó tarde constantemente a clases, seguramente no aprendió. 



3. Si el alumno durmió durante las clases, probablemente, no aprendió. 

4. Si un alumno tomó la decisión de no aprender, seguramente logró su cometido. Lo mismo le habrá sucedido entonces a todos sus compañeros, a pesar de que ellos no hayan decidido lo mismo, a causa de las actividades libremente elegidas y desarrolladas dentro del aula para entretenerse por parte del alumno díscolo. (No está de más agregar que se habrán visto perturbados durante el año también los docentes, los preceptores, los auxiliares, el mobiliario escolar, el vecindario circundante, los árboles de la vereda, los perros callejeros, pájaros y demás entidades cercanas al alumno mencionado). 

5. Si algún alumno puede incluirse dentro de las categorías 1, 2, 3 o 4,  ya sea directa o indirectamente, no habrá aprendido, ya que no fue alumno sino un chico o chica dentro de un edificio escolar, que no es lo mismo que ser alumno o alumna. 

Por lo tanto, la clave para poder aprender durante el próximo año quizás sea: 

. Los alumnos y alumnas deberán comportarse como alumnos y alumnas y asistir puntualmente a la escuela para estudiar y aprender. 




La imagen está tomada de este link, donde hay una nota muy polémica e interesante: http://elpais.com/diario/2009/04/12/sociedad/1239487201_850215.html

jueves, 15 de octubre de 2015

Hoy nos toca Cortázar

El presente texto fue publicado en http://blogs.infobae.com/proyecto-lector/2014/08/29/hoy-nos-toca-cortazar/
Susana, una alumna de la nocturna, contó una anécdota que me dejó pensando. Su marido había sido remisero en épocas en donde los remises eran sólo para la gente adinerada y había ido a buscar a alguien importante al aeropuerto. Mientras conducía de regreso, el pasajero le preguntó: “¿Usted sabe quién soy yo?”. El buen señor lo miró por el espejito retrovisor y le dijo que no sabía. “Debe ser muy afortunado, entonces”, contestó el pasajero conversador. “Yo soy Julio Cortázar”.
La historia me fascinó, quizás por lo sencilla. Me quedé pensando en cómo se verían los rostros en la penumbra, en la posibilidad de tener a Cortázar sentado en el asiento trasero del auto y poder decirle cosas, preguntarle, darle fuego o fumar un cigarrillo con él. Me pregunté qué le hubiera dicho si hubiera estado en el lugar del conductor en ese viaje. Después de pensar mucho, creo que sólo le hubiera agradecido por haber escrito cada una de sus páginas y le hubiese contado que, por esas cosas de la vida, la gente que lo lee con fruición termina llamándolo “Julio” y queriéndolo un poquito o mucho. Y que sus historias se convierten día a día en las aulas argentinas en la llave que inaugura la experiencia con la literatura. De eso se trata el siguiente texto, de Cortázar y la experiencia de descubrir la literatura en la secundaria:

21. Hoy nos toca Cortázar


Cada año, arranca nuestro domingo por la tarde cuando comienzan las clases. Soy peugeot. Subo a la autopista y me voy embotellando. Los demás autos, los necesarios, son hostiles al principio. Observan rebosando desconfianza,  distantes y exultantes, desafiantes o indiferentes. Algunos lanzan piedritas; los futuros Taunus blancos son los primeros en interpretar las palabras cuando empezamos a leer. En las primeras horas de la mañana comienzan a decir frases erizadas de “qués” y “que”  (es culpa mía, por supuesto, sucede porque lo permito):
-¿Para qué vino?
-¿Por qué no se calla?
-¿Para qué sirve leer esto? ¿Que quiere que haga qué cosa?
Durante los embotellamientos, toma tiempo organizarse. La pregunta que aún siendo ya modelo antiguo no puedo responder es la de por qué no soy Taunus. No puedo serlo, simplemente. Si me resuelvo e intento ser Taunus, inmediatamente, en el milésimo segundo transcurrido entre mi decisión y el ir a aplicarla, vuelvo a ser el ingeniero. No hay caso.
-¿Por qué no es Taunus? ¡Tiene que ser Taunus!
No sé si es porque no quiero; lo segurísimo… es que no puedo.
 La cosa es que transcurre el tiempo y, en general, los embotellamientos devienen en juegos en el subterráneo (en el metro), a mediados del año. Es pura rutina  relampagueante la que vamos urdiendo: la prédica sobre el tigre, la continuidad de los parques, las hormigas, cefaleas, bombones y venenos nos atraviesa y eriza la piel en momentos gloriosos que son vida cotidiana y mi mester. A la hora de la siesta ( cuando ya estamos cansados), nos ponemos el pullóver o nos corre un indio.  Cuando se hace primavera empieza el asuntito incómodo de que toco tu boca y a la hora de la sed y el hambre es otra cosa y hasta podemos dormir, porque siempre soñamos y lo que para los demás son pesadillas, para nosotros es maravilla del universo.
 Hoy nos toca Cortázar. Ahora es.
 En un embotellamiento, lleva tiempo cambiar las miradas de los otros autos en puro ojos para adentro. Es peliagudo, complicado, como si fuera otro idioma ( por ahí sería más fácil si yo fuera Taunus, lo lamento tanto). El caminito es arduo: hacerles saber que conozco sus gestos, motores, carburadores, circuitos. Que me interesan sus ruidos porque los escucho con atención,  sus costumbres y preferencias. Que lo interesante es lo que pasa en el cuento, primero explicado y luego, una vez entendido, fantaseado, imaginado, pensado y repensado.
Cae el atardecer cuando sucede. Fue necesario tener paciencia. Si abrieron la portezuela del auto, podrán arroparse pensando en la gloria de ser boxeador y escuchar cómo suena el jazz. Si no la abrieron y permanecieron indiferentes, no podrán.
En la autopista, todo es condicional y matizado de “quizás”. Lo único inexorable es el transcurrir del tiempo.
En diciembre el camino se despeja, aceleramos por fin, atravesamos el puente, nos perdemos de vista. Dejamos el lugar fantástico y nos vamos al otro, donde no soy peugeot viejo sino andá a saber qué cosa familiar polvorienta y multiuso. Los que leyeron llevan historias indelebles en su corazón, los demás quizás vuelvan algún día a buscarlas. Cada uno termina en su casa, donde está el armario con los conejitos escondidos y el axolotl. Por mi parte, me dedico a descansar mientras cargo el combustible para volver a embotellarme al año siguiente: así es mi árbol mondrianesco; soy cuidadosa al seguir las instrucciones. Eso sí, tienen razón los que me acusan de esperar imposibles: durante las vacaciones dejo en la biblioteca linternas, abrigos y paraguas, no sea que a algún pobre diablo se le ocurra seguir leyendo, se meta y no pueda, con ese clima y la luz apagada.

Booz, inmigrante, busca inventar casa

El siguiente relato fue publicado en: http://blogs.infobae.com/proyecto-lector/2014/08/22/booz-inmigrante-busca-inventar-casa/


20. Booz, inmigrante, busca inventar casa

Braque


Allá lejos, Booz subió al micro con lentitud estudiada. Intentaba no exteriorizar lo que sentía; la mirada de la gente le molestaba. La sensación de estar en ridículo, de algo vergonzoso, lo apresuraba. Hundido en su asiento y en sus auriculares, el viaje de 40 horas se le hizo una pesadilla. “Te espera tu padrino, con los primos”, había dicho su abuelo. “En las vacaciones te van a buscar tus papis. Sé bueno, Pórtate bien”.
Con doce años, un viaje solitario puede convertirse en aventura. Para Booz sólo significó tener hambre, sed feroz, frío y desconcierto. El asiento se le pegó a la piel. Recién cuando llegó se dio cuenta de que no había ido al baño. Ignoraba que existía uno en el micro y, por miedo a que partieran sin él, no se había bajado en el camino ni una sola vez. 
Con la misma estudiada lentitud despectiva del inicio de su viaje, Booz se bajó en Liniers. Llevaba una mochila con algunos útiles escolares, ropa interior, un abrigo, un peine. Nadie parecía buscarlo, nada le era demasiado ajeno, inserto en un paisaje con paisanos suyos caminando hacia todas las direcciones. Esperó pacientemente, primero. Esperó con desesperación, luego. Esperó. Cuando amanecía el segundo día de la espera, vomitó algo espeso y amarillo y se desmayó.
La señora del locutorio de la Terminal le permitió llamar gratis, con la condición de que algún día le devolvería el favor. La voz del abuelo sonó tan cerca que lo vivido pareció una broma siniestra. La señora también habló. Luego le dio agua, jugo, salchipapa. Unos días después, lo anotó en el colegio.
En la actualidad, Booz pasa sus días en un Taller, garrapateando trazos ininteligibles en un cuaderno cuadriculado y en la escuela. Un día alguien le preguntó qué pensaba y dijo que estaba juntando. No aclaró qué, pero yo creo que junta de todo: dinero, resentimiento, sueños, nostalgia, soledad. Sentado en la vereda con su cuaderno no espera ya a su inexistente padrino, sino que se le pase la adolescencia y le llegue la adultez, para poder inventar una casa sin penas y poder así, cada tarde, comenzar a volver.

Delicia de velorio

El siguiente relato fue publicado en: http://blogs.infobae.com/proyecto-lector/2014/08/15/delicia-de-velorio/

19. Delicia de velorio

Goya

Quienes conocieron a Delicia sintieron algo inquietante al enterarse de la noticia de su muerte. Parecía mentira; era infinitamente vieja y la gente se había resignado. La hora llegó cuando la mujer se había convertido en una arruga color beige clarito, de ojos como bolitas verde agua, brillantes, bajo pestañas ralas. Siempre impoluta, enfundada en su guardapolvo tieso, engalanado por los años de blancura. La directora Delicia. Falleció. Lamentamos el deceso. ¿Se murió? Nuestras sinceras condolencias.   
La gente fue llegando al velorio con cara de circunstancia. No somos nada. Delicia había sido maestra en la 79 cuando era la 14, en la primaria, y se contaban de ella leyendas que habían sentado las bases de un poderío indescriptible. Alumnos que se habían orinado encima sólo porque Delicia había pronunciado su nombre. Padres obsequiosos que se habían enamorado de sus ojos cuando eran oscuros y le habían regalado un visón, un viaje a Europa, un gato persa. Un día estamos y al otro no.  Madres despechadas por la adoración que provocaba, celosas, rindiéndole pleitesía durante los actos del Día del Maestro, entregándole ramos de rosas con espinas.La Delicia, la de la época del puntero, la pluma y el tintero. La vida, este valle de lágrimas. 
Murmullo de velatorio, entretejido de chismes, anécdotas, santiguaciones. Que descanse en paz. Palabras de Delicia no pronunciadas por su boca muerta sino por el runrún de la sala, hojarasca sobrevolando el hedor de las calas podridas:
“El guardapolvo no se mancha”, “Se debe ser y aparentar lo que se es” ,“Maestra, con Mayúsculas”, “Para ser Maestra, hay que tener vocación verdadera” “Los educandos nos agradecerán en el futuro todo el rigor que les impongamos en el presente”, “Es por su bien, no por el nuestro”… Una enorme pérdida. Dios nos ayude a soportar tan grande ausencia.
Delicia fue secretaria, después de ser maestra. Luego, directora. Se murió en la escuela, con el guardapolvo puesto, detrás del escritorio a donde la habían relegado a causa de su pura vejez, mirando sin ver el transitar de docentes jóvenes, chiquillos impetuosos, auxiliares, padres, equipos de música, trajín de escuela, en fin, “aire que respirar”, en sus palabras. No hay lágrimas suficientes. ¿Hijos no tuvo? Shhh, siempre señorita. Nunca se casó. 
Una mujer espía escondida por una corona. No sabe que el resto de las mujeres presentes conocen su secreto. (Todas saben e ignoran que las demás saben). Nos ha abandonado en cuerpo, pero su espíritu permanecerá eterno. Cada una cree que Delicia le hizo algo personal, que fue con ellas el asunto de la pregunta. Jamás sabrán que formaban parte de un cosmos construido por una tirana increíblemente perversa, porque no compartirán su dolor: es un secreto teñido de vergüenza. Delicia, despojadora de la inocencia virgen del deleite del primer día de clases.  Era de Dolores, pero acá no se ve ningún pariente. ¿Se habrán enterado? Era muy vieja.
Durante su reinado infinito, Delicia recibió con una sonrisa de dientes afilados a cada mujer de cara emocionada. Le dio un paseo por la escuela, le dio papeles que firmar, ofreció té, le hizo la prueba. Las que aguantaron, se quedaron. “En esta escuela enseñan las maestras con vocación, la escoria que vaya a otra parte”. Había perfeccionado su método: un pequeño niño, angelical, suave, se acercaba a la maestra que, radiante, acababa de apoyar su cartera en la silla ante el escritorio. La nueva se inclinaba, solícita, para escuchar al pequeño. Delicia observaba desde la puerta: a veces pasaban años sin oportunidad de ver la escena. El pequeño pronunciaba la pregunta. En la reacción de la interrogada, Delicia medía cuidadosamente cuánta vocación tenía, cuán duradera sería… Delicia, la alquimista de la esencia docente. La desfloradora. La que arruinó la vida de tantas. La que perturbó las ilusiones. La que causó dolor. Le llegó, por fin, la muerte. A todos nos llegará. ¿La querría alguien? Los acompaño en el sentimiento.
En el mujeril velorio, la que espiaba finalmente tomó coraje. Fue fácil hacerlo: nadie había entrado a ver el cadáver que descansaba entre velones inmensos y solemnidad fétida. Cuando quedó frente a la muerta, se sintió más sola que antes. No sabía que representaba en ese momento a decenas de mujeres dañadas de la misma manera. Se oía perfectamente el murmullo de afuera. Una partida anunciada, pero no por ello poco sentida. Recitaban hazañas de la directora, su fortaleza, sus logros, su despotismo, su crueldad, su fiereza. Lo siento tanto. Se han enlutado nuestras almas. La mujer se acercó al cadáver, se agachó, pegó su boca a los oídos llenos de algodón y pronunció la pregunta que el pequeño enviado le había hecho hacía décadas. Ella era de las que había durado solamente un día: no había pasado la prueba. Delicia había recibido su renuncia con inocultable sorna. Taquicardia. Sudoración. Mareo. Repitió la frase ajena, la dijo una, dos, veinte veces. No sintió nada. Había esperado pacientemente la muerte de la vieja. La muerte nos ha cubierto con su manto oscuro. Había jurado que se vengaría y ahora estaba ante un cajón. No alcanzaban las palabras. En un rapto de desesperación, la mujer desabotonó el guardapolvo que enfundaba el cadáver y se lo quitó.
Antes de salir corriendo, con una fuerza sobrehumana, levantó la tapa que estaba apoyada contra una pared y cerró el ataúd. Dobló cuidadosamente el guardapolvo que ya no era mortaja, vació uno de los enormes floreros, lo introdujo en él y lo quemó. Causa una tristeza profunda perder un ser querido.
Si alguien hubiera podido ver el rostro de Delicia cuando se hizo el silencio, cuando las luces se extinguieron, se hubiera estremecido. Desnuda hasta del alma, amarillenta, blanda y cerosa, la sonrisa se le hizo mueca y así marchó hacia el otro mundo, para responder despojada su propia, personal e inevitable pregunta.